LA CHICA DE LAS POSTALES – RUTH HERRERO

Se conocieron en España hace ya más de una década, en la ciudad de Salamanca. Mientras una trabajaba, la otra estudiaba. Una era de allí, la otra, extranjera.  Las dos eran de ese tipo de personas sensibles y empáticas, a las que les gusta hablar mirando a los ojos, prestando atención al otro y si es posible, en pequeños grupos. Así que no tardó mucho tiempo en que la amistad surgiese.

Caminaron mucho durante toda la primavera, Ruth le contaba sobre las leyendas de la ciudad, de hechos relacionados con las monarquías, le explicaba las curiosidades geográficas y le recomendaba los mejores restaurantes. Caro le contaba cuánto le gustaba la Plaza Mayor y que lo que más echaría en falta de España serían las croquetas, la música y caminar por las ciudades haciendo muchas fotos.

El tiempo fue pasando y las cosas fueron cambiando. Caro fue conociendo las ciudades y con el tiempo ya era capaz de elegir ella misma bares, tiendas y cines. Ruth fue aprovechando los paseos sin preocuparse de si eran las dos de la tarde o las dos de la mañana. Entonces ya hablaban de amores, películas, series, libros y música de todas partes.

Un día Caro se tuvo que ir de España pero ellas nunca dejaron de hablarse. Caro le contaba a Ruth el calor que hacía en Sao Paulo, que los hombres allí son celosos y que le encantaba trabajar para la revista debido a los reportajes y los viajes. Ruth le contaba sobre Dexter, que no le gustaba la muerte de Debra, le contaba que le encantaban sus clases de pilates, le recomendaba series policiacas y publicaba fotos de su Nico, disfrazado, saludando a los amigos.

Ellas han estado hablándose asiduamente durante los últimos once años en los cuales se vieron muy poco. Excepto por las idas y venidas a Portugal y a España el contacto fue siempre a través de Facebook, Twitter, correo electrónico, whatsapp, Messenger, Instagram y a través de postales.  Numerosas e incontables postales que Ruth enviaba a Caro todas las semanas, religiosamente, sin fallar ni una. Siempre que iba de viaje, o siempre que su madre o amigos viajaban, o simplemente cuando Ruth se acercaba al centro de la ciudad, compraba o pedía a sus amigos que comprasen postales para después enviárselas a su amiga.

Todas las semanas las postales de Ruth transportaban a Caro a un lugar diferente: Toledo, Madrid, Miranda do Douro, Mallorca, Valladolid, la Bretaña francesa, Lisboa, Alba de Tormes, Almagro, Cabo da Roca, la Ruta de El Quijote.

Hablaron mucho sobre cada uno de esos lugares. Once años recopilados en postales. A través de ellas Caro se entera de los trabajos que consigue su amiga, de los lugares a los que va, de las peripecias y aventuras de Nico, de cuando él enfermo o de cuando el corazón de Ruth se partió en mil pedazos porque Nico murió. La acompañó en los tiempos alegres y difíciles, supo antes de que Boss existiera que su amiga quería un gato negro y se puso muy contenta cuando Boss además consiguió un hermano.

A través de las postales ellas se hicieron presentes, registraron el paso del tiempo, todo lo que ocurrió, la historia de dos vidas compartidas en lugares increíbles por los cuales pasaron las dos, de cierto modo, juntas.

 

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Ruth Herrero es de Salamanca, es guionista, docente y es la mamá orgullosa de Boss y Bicho